Si la respuesta es no, todavía no sabe si realmente funciona. El cumplimiento no se demuestra con una política. Se demuestra cuando una persona pregunta por sus datos y la organización puede responder, con evidencia y dentro del plazo.
Un martes cualquiera… Llega un correo. No es de un regulador. Es de un exempleado, o de un cliente, o de alguien que aplicó a una vacante hace tres años. La solicitud es breve y perfectamente razonable: «díganme qué datos personales míos tienen, de dónde los obtuvieron, con quién los han compartido y hasta cuándo piensan conservarlos».


